Cuidados de la piel

Señales para saber que la piel se está quemando

No importa que se avise una y mil veces de la necesidad de utilizar protector solar siempre que vayan a tomarse baños de sol. Siempre hay quien no hace caso a las advertencias o no consigue ajustar su nivel de protección al tiempo de exposición solar y vuelve a casa, a la habitación del hotel o al apartamento en el que esté pasando las vacaciones con la piel fustigada por los rayos del sol. Llega entonces el tiempo de los tratamientos paliativos, del baño de agua fría y de la hidratación acelerada, del Aftersun y de los productos con aloe vera, ácido hialurónico o vitamina E que consigan aliviar la quemazón sufrida por la piel.

Impedir que llegue ese momento es fundamental para gozar de una piel saludable. Ya sabemos los daños que puede causar el exceso de sol sobre ella. Sabemos que los rayos UV la resecan, la envejecen y sabemos también que, en algunos casos (cada vez estadísticamente más frecuentes), puede constituirse en origen de un melanoma o, lo que es lo mismo, un cáncer de piel. Por eso hay que estar siempre atentos a las señales que la piel nos envía para hacernos saber que no la hemos protegido como debiéramos y que, por tanto, está comenzando a irritarse o quemarse por el exceso de exposición al sol.

¿Qué señales son las que nos envía la piel para advertirnos de que se está quemando? Creemos que conocer esas señales, ahora que acaba de empezar el verano, puede ser muy útil para evitar cometer algún exceso a la hora de exponernos al sol.

Las señales que la piel envía para advertir de que se está quemando son las siguientes:

  • La primera señal que nos envía la piel a modo de advertencia es el picor. Si la piel empieza a picarnos no hay que rascarse. Sencillamente, hay que colocarse a la sombra.
  • La segunda señal que nos avisa de que se está produciendo una quemadura solar en la epidermis es el enrojecimiento de la misma. Este enrojecimiento tiene una explicación: los vasos sanguíneos más superficiales empiezan a dilatarse a consecuencia del aumento del flujo sanguíneo. Este enrojecimiento de la piel por tomar el sol en exceso empieza a aparecer en la mayor parte de la gente cuando se sobrepasan los diez minutos de sobreexposición.
  • La tercera señal que la piel nos envía para saber que se está quemando y que, por tanto, estamos tomando el sol en exceso es el sobrecalentamiento de la misma. La zona de la piel que se está quemando se nota más caliente que el resto de la piel y, en algunos casos, envía destellos febriles a lo largo del cuerpo. Esos destellos febriles, especie de escalofríos, deben servir de clara advertencia de que la piel se está quemando. El sobrecalentamiento de la piel puede llegar a durar tres días. Para hacerlo disminuir y, al mismo tiempo, reducir el enrojecimiento de la piel, puede servir usar compresas de agua fría. Hay quien asegura que las compresas de leche fría son mejores que las de agua fría porque hacen disminuir más rápidamente el sobrecalentamiento de la piel.
  • Una buena manera de comprobar que estamos tomando más sol del que debemos es presionar con el dedo sobre la piel. Si, haciéndolo, comprobamos que la epidermis se vuelve blanca (es decir, que se nota la marca del dedo en el lugar en el que hemos presionado con él), debemos dejar de tomar el sol.
  • Otra de las señales que la piel nos envía para hacernos saber que se está quemando es volverse más tensa e hinchada. Si sucede esto, aparte de dejar de tomar el sol de inmediato debemos evitar las duchas calientes. Una ducha caliente cuando la piel está hinchada por el exceso de sol sólo servirá para hincharla aún más.
  • Una última señal que la piel envía cuando se está quemando es su acelerada deshidratación. La piel que se está exponiendo excesivamente al sol se muestra clara y repentinamente reseca. El beber alcohol, por mucho que pueda proporcionarnos sensación de frescor, sólo sirve para aumentar dicha deshidratación.

Medidas contra la piel quemada por el sol

Si, a pesar de todo, no conseguimos evitar las quemaduras producidas por el sol, debemos saber qué debemos y qué no debemos hacer para curar las mismas y aliviar su dolor.

El primer objetivo tras haber sufrido quemaduras solares en la piel es, lógicamente, bajar la temperatura de la misma. Para ello debemos:

  • Aplicar frío.
  • Ducharnos con agua fría.
  • Tomar ibuprofeno u otro antiinflamatorio oral en caso de que la quemadura sea muy importante.

Lo que no debemos hacer en ningún caso si hemos sufrido algún tipo de quemadura en la piel es:

  • Ducharnos con agua caliente.
  • Ducharnos con agua salada.
  • Emplear jabones o geles que puedan irritar más la piel.
  • Evitar las cremas muy grasas. Es posible que las cremas muy grasas impidan que la piel se enfríe y que, al mantener el calor en la piel, acaben perjudicándola más aún.
  • Rascarse la piel o “pelarla”.
  • Tocar las ampollas. Si han surgido, lo mejor es protegerlas con alguna gasa.

Hidratar la piel mediante algún tipo de cosmético apropiado a tal efecto, aplicar aloe vera sobre la piel, aplicar pasta de agua con avena, comer frutas como la sandía o beber agua y zumos para aumentar nuestra hidratación son también buenas medidas para paliar los daños que el exceso que exposición al sol haya podido causar en nuestra piel.


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