Dietas de adelgazamiento para mujeres

Azafrán: una ayuda milenaria para adelgazar

El azafrán ha sido y es, históricamente, una de las especias más caras. Cultivado desde hace más de 3.000 años (la primera vez que se documentó su existencia fue en siglo VII a. C. por botánicos asirios), el azafrán se obtiene de los estigmas de la flor de Crocus sativus, una planta que apenas alcanza los 15 cm de altura y que, original de Creta y Grecia, se fue expandiendo por toda Eurasia. Para conseguir un kilo de azafrán es necesario recoger unas 150.000 flores a las que se les extraen, a mano, sus delicados y diminutos estigmas. Una tarea tan delicada se traduce, lógicamente, en un precio desorbitante en el mercado: unos 8.000 euros el kilo. Por algo se ha llamado al azafrán el “oro rojo”.

El azafrán ha tenido a lo largo de la historia múltiples utilidades. Se ha usado para elaborar todo tipo de platos y de licores. Se ha utilizado como colorante para tejidos y otros artículos. Ha tenido, también, usos medicinales. Tal variedad de usos habla muy positivamente de las propiedades del azafrán. Una de ellas se ha descubierto recientemente: la de ayudar en la pérdida de peso.

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Dieta y menopausia

En la vida de la mujer existen diversos momentos en los que se producen numerosos cambios hormonales. La menopausia es, sin duda, uno de ellos. La llegada de la menopausia implica una serie de cambios en el organismo. Ganamos grasa en algunas zonas de nuestro cuerpo y perder esos cuantos quilos de más que tanto nos agobian se vuelve una tarea más difícil.

Durante la menopausia, el aumento de grasa se hace especialmente patente en el abdomen. Al reducirse el gasto energético en reposo (es uno de los grandes cambios que implica la menopausia), aumenta el tejido graso y disminuye el tejido magro. Al mismo tiempo, la menopausia implica una reducción de estrógenos. Al reducirse los estrógenos, el cuerpo se vuelve menos eficiente quemando grasas y éstas se acumulan sobre todo en vientre, cintura y caderas. La concurrencia de estas dos circunstancias, la mayor generación de grasas y la menor efectividad a la hora de quemarlas, provocan que se aumente de peso y, al mismo tiempo, aumente el perímetro abdominal.

Al mismo tiempo, al aumento de grasa abdominal se le asocian alteraciones en los niveles de colesterol en la sangre. Durante la menopausia, los niveles de colesterol en la sangre (bueno y malo), aumentan y ese aumento incrementa el riesgo de padecer problemas cardiovasculares.

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Mindful eating o cómo alimentarse conscientemente

Obtener el máximo beneficio de los alimentos que se ingieran y, al mismo tiempo, saciar las necesidades físicas y psicológicas de la persona: ése es el objetivo principal del mindful eating.

El mindful eating o “alimentación consciente” no es tanto una dieta como una tendencia o, dicho de otro modo, una forma de entender la alimentación. ¿En qué consiste, básicamente, esta forma de entender la alimentación? Básicamente, en comer lentamente y con conciencia.

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La dieta Dukan

Si hay una dieta que ha adquirido una notable popularidad durante los últimos años ésa es la llamada dieta Dukan. El nombre le viene de su creador, el nutricionista y dietista francés Pierre Dukan. Él fijó las bases de esta dieta hace ya más de treinta años, pero fue a partir del cambio de siglo cuando su dieta adquirió esa notable popularidad de la que hemos hablado. También fue a partir de entonces cuando múltiples nutricionistas españoles y también franceses decidieron unir sus voces contra ella.

Fundamentada en el consumo masivo de proteínas, la dieta Dukan, a la que ya hicimos referencia en nuestro artículo destinado a las dietas proteicas, defiende un alto consumo de carnes magras, pescados, huevos, etc., y un bajo o casi inexistente consumo, sobre todo en las primeras fases de la dieta, de hidratos de carbono.

¿Qué persigue la dieta Dukan al propugnar una dieta basada en el alto consumo de proteínas y en la baja ingesta de carbohidratos? Que el cuerpo experimente un proceso de cetosis y, con ello, pierda peso de manera rápida.

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La dieta para las mujeres de la tercera edad

Cada edad impone sus propias necesidades nutricionales. No son iguales las necesidades nutricionales de una niña que las que, por ejemplo, tiene una joven de veinte años y tampoco son las mismas las de una mujer en su edad adulta que las de una mujer que ha entrado ya en eso que llamamos tercera edad.

Somos conscientes que el concepto de tercera edad o de vejez es un concepto relativamente impreciso. ¿A quién podemos considerar vieja? ¿A una de esas abuelas que día a día bregan con sus nietos para darles de comer y llevarles o recogerlos del colegio porque los padres no pueden conciliar sus obligaciones laborales con sus tareas familiares? ¿Podemos llamar viejas a esas mujeres que, cargadas de ilusión, hacen cola frente a la agencia de viajes del barrio para poder ser las primeras en elegir un destino satisfactorio en su viaje anual del Imserso?

Más allá de las diferencias obviamente existentes entre una mujer española de sesenta y cinco años del año 2017 y una mujer de sesenta y cinco años del año 1970, lo cierto es que, una vez cumplidos los sesenta, el organismo experimenta una serie de cambios que exigen el mantenimiento de una dieta algo distinta.

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La dieta de los puntos

Si hay una dieta que en los últimos años ha llamado especialmente la atención de los nutricionistas ésa es la llamada dieta de los puntos.

Si por algo se ha hecho especialmente popular la dieta de los puntos es porque, en principio, quien debe seguir la dieta no ha de tener problema a la hora de ingerir cualquier tipo de alimento. Eso sí: siempre dentro de un orden. El orden vendrá determinado por una tabla numérica que asocia a cada alimento una cantidad de puntos que guardan relación directa con la cantidad de calorías aportadas por dicho alimento.

En la dieta total del día, una persona de peso y estatura media que quiera seguir la dieta de los puntos para adelgazar debe ingerir entre 17 y 19 puntos. Esto, traducido a calorías, supone ingerir unas 1400 calorías al día. Los puntos a ingerir por cada persona vendrán determinados por la altura y el peso de la persona. Así, una mujer de entre 61 y 70 kilos debería ingerir una dieta de 18 puntos; una de entre 71 y 80 kilos, 20 puntos; y una de entre 81 y 90 kilos debería consumir en su dieta de los puntos 22 puntos diarios.

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Las dietas proteicas

Si hay un tipo de dietas que en nuestros tiempos han ganado especial prestigio como dietas favorecedoras de la pérdida de peso y, al mismo tiempo, del fortalecimiento de la musculatura, ésas son la dietas proteicas.

Como puede deducirse de su nombre, las dietas proteicas son aquel tipo de dieta fundamentadas en la ingesta de proteínas.

Que la ingesta de proteínas es algo fundamental para nuestro estado de salud es algo que ya hemos recalcado en más de uno de nuestros posts. Después de todo, las proteínas son, de entre todos los nutrientes presentes en los alimentos, aquél que proporciona al músculo los aminoácidos necesarios para que éste se recupere tras los esfuerzos y para que se repare el daño que éstos hayan podido causar en él.

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La dieta inversa

Es inevitable asociar la palabra dieta con la palabra escasez. Muchas mujeres tenemos interiorizada la idea de que para adelgazar hay que pasar hambre. Mucha o poca, pero algo de hambre siempre hay que pasar si se quiere perder peso. Después de todo, no se concibe que exista otra manera de adelgazar que no sea la de comer menos.

Los defensores de la dieta inversa, sin embargo, han venido para acabar con esa idea. Sí se puede adelgazar, dicen, comiendo más. Y ésa, la de comer más para adelgazar, es el eje central sobre el que gira la esencia de la dieta inversa.

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La dieta flexitariana

Hay dietas que, por hache o por be, se ponen de moda en un momento determinado. Todos conocemos de alguna dieta que, de golpe y porrazo, corre de boca en boca. La gente las nombra, se declara fanática de su seguimiento y surge una corte de fieles seguidores que proclaman urbi et orbi los múltiples beneficios de esa dieta frente a los escasos beneficios que otras proporcionan.

El proceso siempre se desarrolla de un modo similar. Surge una dieta y, como champiñones, surgen proselitistas de esa dieta en concreto. Así, de las sombras emergen defensores de la dieta del grupo sanguíneo, paladines de la dieta hipocalórica y adalides de dietas con nombre de vegetal como la de la piña o la de la alcachofa. No faltan, tampoco, quien se convierte en valedor o valedora de las dietas más controvertidas. Aquí podríamos englobar a quienes defienden la dieta hCG (basada en inyecciones de gonadotropina coriónica humana, una hormona que las mujeres acostumbran a generar durante el embarazo), la dieta “Feeding Tube” (consistente en alimentarse con el contenido de una bolsita de alimentación y a través de un tubo que se mete por la nariz) o la dieta de la solitaria (fundamentada en la ingesta de huevos de tenia).

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La dieta alcalina: argumentos a favor y en contra

Lo hemos comentado ya en algún post de este blog: el prestigio de muchas dietas está ligado íntimamente al concepto de moda. La aparición de cada nueva dieta implica que, junto a ella, aparezca toda una corte de defensores y detractores de la misma. Unos recalcarán las virtudes; los otros, subrayarán los defectos, las carencias o, incluso, los daños que la misma pueda causar a la salud. Por no librarse de estas críticas, ni siquiera se libra la que parece ser la dieta mejor publicitada y más defendida por un mayor número de personas (al menos en nuestro país), la dieta mediterránea. No hace demasiado, Fernando Sánchez Dragó, el famoso escritor, tildaba a la dieta mediterránea de “camelo”.

Si eso sucede con una dieta tan prestigiosa o prestigiada como la dieta mediterránea, ¿qué no sucederá con otras dietas con menos adeptos y defensores que la dieta mediterránea? Una de esas dietas que despiertan al mismo tiempo encendidos elogios y durísimas críticas es la llamada “dieta alcalina”.