Dietas de adelgazamiento para mujeres

La dieta Dukan

Si hay una dieta que ha adquirido una notable popularidad durante los últimos años ésa es la llamada dieta Dukan. El nombre le viene de su creador, el nutricionista y dietista francés Pierre Dukan. Él fijó las bases de esta dieta hace ya más de treinta años, pero fue a partir del cambio de siglo cuando su dieta adquirió esa notable popularidad de la que hemos hablado. También fue a partir de entonces cuando múltiples nutricionistas españoles y también franceses decidieron unir sus voces contra ella.

Fundamentada en el consumo masivo de proteínas, la dieta Dukan, a la que ya hicimos referencia en nuestro artículo destinado a las dietas proteicas, defiende un alto consumo de carnes magras, pescados, huevos, etc., y un bajo o casi inexistente consumo, sobre todo en las primeras fases de la dieta, de hidratos de carbono.

¿Qué persigue la dieta Dukan al propugnar una dieta basada en el alto consumo de proteínas y en la baja ingesta de carbohidratos? Que el cuerpo experimente un proceso de cetosis y, con ello, pierda peso de manera rápida.

Dietas de adelgazamiento para mujeres

La dieta para las mujeres de la tercera edad

Cada edad impone sus propias necesidades nutricionales. No son iguales las necesidades nutricionales de una niña que las que, por ejemplo, tiene una joven de veinte años y tampoco son las mismas las de una mujer en su edad adulta que las de una mujer que ha entrado ya en eso que llamamos tercera edad.

Somos conscientes que el concepto de tercera edad o de vejez es un concepto relativamente impreciso. ¿A quién podemos considerar vieja? ¿A una de esas abuelas que día a día bregan con sus nietos para darles de comer y llevarles o recogerlos del colegio porque los padres no pueden conciliar sus obligaciones laborales con sus tareas familiares? ¿Podemos llamar viejas a esas mujeres que, cargadas de ilusión, hacen cola frente a la agencia de viajes del barrio para poder ser las primeras en elegir un destino satisfactorio en su viaje anual del Imserso?

Más allá de las diferencias obviamente existentes entre una mujer española de sesenta y cinco años del año 2017 y una mujer de sesenta y cinco años del año 1970, lo cierto es que, una vez cumplidos los sesenta, el organismo experimenta una serie de cambios que exigen el mantenimiento de una dieta algo distinta.

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La dieta de los puntos

Si hay una dieta que en los últimos años ha llamado especialmente la atención de los nutricionistas ésa es la llamada dieta de los puntos.

Si por algo se ha hecho especialmente popular la dieta de los puntos es porque, en principio, quien debe seguir la dieta no ha de tener problema a la hora de ingerir cualquier tipo de alimento. Eso sí: siempre dentro de un orden. El orden vendrá determinado por una tabla numérica que asocia a cada alimento una cantidad de puntos que guardan relación directa con la cantidad de calorías aportadas por dicho alimento.

En la dieta total del día, una persona de peso y estatura media que quiera seguir la dieta de los puntos para adelgazar debe ingerir entre 17 y 19 puntos. Esto, traducido a calorías, supone ingerir unas 1400 calorías al día. Los puntos a ingerir por cada persona vendrán determinados por la altura y el peso de la persona. Así, una mujer de entre 61 y 70 kilos debería ingerir una dieta de 18 puntos; una de entre 71 y 80 kilos, 20 puntos; y una de entre 81 y 90 kilos debería consumir en su dieta de los puntos 22 puntos diarios.

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Las dietas proteicas

Si hay un tipo de dietas que en nuestros tiempos han ganado especial prestigio como dietas favorecedoras de la pérdida de peso y, al mismo tiempo, del fortalecimiento de la musculatura, ésas son la dietas proteicas.

Como puede deducirse de su nombre, las dietas proteicas son aquel tipo de dieta fundamentadas en la ingesta de proteínas.

Que la ingesta de proteínas es algo fundamental para nuestro estado de salud es algo que ya hemos recalcado en más de uno de nuestros posts. Después de todo, las proteínas son, de entre todos los nutrientes presentes en los alimentos, aquél que proporciona al músculo los aminoácidos necesarios para que éste se recupere tras los esfuerzos y para que se repare el daño que éstos hayan podido causar en él.

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La dieta inversa

Es inevitable asociar la palabra dieta con la palabra escasez. Muchas mujeres tenemos interiorizada la idea de que para adelgazar hay que pasar hambre. Mucha o poca, pero algo de hambre siempre hay que pasar si se quiere perder peso. Después de todo, no se concibe que exista otra manera de adelgazar que no sea la de comer menos.

Los defensores de la dieta inversa, sin embargo, han venido para acabar con esa idea. Sí se puede adelgazar, dicen, comiendo más. Y ésa, la de comer más para adelgazar, es el eje central sobre el que gira la esencia de la dieta inversa.

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La dieta flexitariana

Hay dietas que, por hache o por be, se ponen de moda en un momento determinado. Todos conocemos de alguna dieta que, de golpe y porrazo, corre de boca en boca. La gente las nombra, se declara fanática de su seguimiento y surge una corte de fieles seguidores que proclaman urbi et orbi los múltiples beneficios de esa dieta frente a los escasos beneficios que otras proporcionan.

El proceso siempre se desarrolla de un modo similar. Surge una dieta y, como champiñones, surgen proselitistas de esa dieta en concreto. Así, de las sombras emergen defensores de la dieta del grupo sanguíneo, paladines de la dieta hipocalórica y adalides de dietas con nombre de vegetal como la de la piña o la de la alcachofa. No faltan, tampoco, quien se convierte en valedor o valedora de las dietas más controvertidas. Aquí podríamos englobar a quienes defienden la dieta hCG (basada en inyecciones de gonadotropina coriónica humana, una hormona que las mujeres acostumbran a generar durante el embarazo), la dieta “Feeding Tube” (consistente en alimentarse con el contenido de una bolsita de alimentación y a través de un tubo que se mete por la nariz) o la dieta de la solitaria (fundamentada en la ingesta de huevos de tenia).

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La dieta alcalina: argumentos a favor y en contra

Lo hemos comentado ya en algún post de este blog: el prestigio de muchas dietas está ligado íntimamente al concepto de moda. La aparición de cada nueva dieta implica que, junto a ella, aparezca toda una corte de defensores y detractores de la misma. Unos recalcarán las virtudes; los otros, subrayarán los defectos, las carencias o, incluso, los daños que la misma pueda causar a la salud. Por no librarse de estas críticas, ni siquiera se libra la que parece ser la dieta mejor publicitada y más defendida por un mayor número de personas (al menos en nuestro país), la dieta mediterránea. No hace demasiado, Fernando Sánchez Dragó, el famoso escritor, tildaba a la dieta mediterránea de “camelo”.

Si eso sucede con una dieta tan prestigiosa o prestigiada como la dieta mediterránea, ¿qué no sucederá con otras dietas con menos adeptos y defensores que la dieta mediterránea? Una de esas dietas que despiertan al mismo tiempo encendidos elogios y durísimas críticas es la llamada “dieta alcalina”.

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La dieta vegana: beneficios y carencias

Que siempre defendamos desde aquí el seguimiento de una dieta saludable que, en mayor o menor medida, incorpore en la misma la ingesta de todo tipo de alimentos para, de ese modo, asegurarse el aporte nutricional necesario para nuestro organismo no implica que rechacemos por sistema la opción escogida por muchas personas a la hora de decidir erradicar de su alimentación todo tipo de productos de origen animal.

El optar por una dieta vegana nos parece una opción absolutamente respetable para toda aquella persona que, por principios éticos, considere que el explotar o el utilizar a los animales para que nos sirvan de alimento es algo injusto e inhumano. Eso sí: esa dieta en la que no caben las carnes pero tampoco los huevos o los lácteos debe ser realizada de manera correcta y controlada, con la mínima supervisión de un nutricionista, para que, de ese modo, el cuerpo humano pueda nutrirse con todos los nutrientes que necesita para mantenerse sano.

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El índice glucémico y la dieta

Cuando se habla de dieta y de alimentos solemos hablar del índice glucémico de los mismos. ¿De qué se está hablando cuando se habla del índice glucémico?

Para saber de qué hablamos cuando hablamos de índice glucémico debemos entender cómo actúa nuestro organismo a la hora de digerir alimentos ricos en glúcidos. Cuando ingerimos algún tipo de alimento rico en glúcidos, los niveles de glucosa en la sangre se van incrementando progresivamente según vamos digiriendo el alimento. La velocidad de asimilación de los diferentes alimentos depende fundamentalmente del tipo de nutrientes que los componen, de la cantidad de fibra que contienen y de la composición del resto de alimentos que están presentes en el estómago o el intestino mientras realizamos la digestión. Para valorar todos estos aspectos se utiliza el índice glucémico. El índice glucémico mide la velocidad con la que aumenta el nivel de glucosa en la sangre después de su consumo. Cuando este índice, que se determina en laboratorios bajo condiciones controladas, es elevado, quiere decir que la absorción de la glucosa se produce rápidamente. Cuando, por el contrario, el índice glucémico es bajo, la absorción de la glucosa se produce de un modo pausado.

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El ayuno intermitente

De un tiempo a esta parte está ganando prestigio entre algunos nutricionistas lo que se conoce como ayuno intermitente. El ayuno intermitente o Intermitteng Fasting (IF) es un modelo nutricional consistente en alternar períodos de ayuno con períodos de ingesta de alimentos. O, dicho de otro modo: una manera de nutrirse consistente en concentrar las comidas del día en un período muy determinado de tiempo, una franja horaria de entre seis y ocho horas, para dedicar el resto de tiempo al ayuno. En este tiempo se podrían ingerir líquidos como café, té o infusiones.

No hay que englobar al ayuno intermitente entre las dietas. No es una dieta, es un patrón alimentario basado en la voluntad de saltarse por sistema alguna de las comidas del día.